Las nuevas normas de análisis de alimentos reemplazan a las de 2016 y someten a los envíos lácteos a un doble control, con límites de detección extremadamente bajos.
China renovó sus normas de seguridad alimentaria para analizar contaminantes en los alimentos, y los lácteos quedan entre los productos más expuestos. Las nuevas metodologías entrarán en vigor el 18 de febrero de 2027 y reemplazan a las versiones de 2016. Para la leche y sus derivados, el cambio implica que las aduanas chinas contarán con métodos oficiales y vinculantes para detectar dos tipos de contaminantes, las aflatoxinas del grupo M y las sustancias per y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas como “químicos eternos”.
El primer control apunta a las aflatoxinas M1 y M2, la norma regula específicamente su análisis en leche y productos lácteos, con técnicas de cromatografía líquida y espectrometría de masas, y fija un límite de detección de apenas 0,005 microgramos por kilo en leche líquida.
La aflatoxina M se excreta en la leche cuando las vacas consumen raciones o forrajes contaminados, de modo que el origen del problema está en la alimentación del rodeo. Los hongos prosperan por problemas de humedad y temperatura, y el mal manejo poscosecha es la causa principal: granos cosechados húmedos y almacenados sin secado o ventilación adecuados. Para los tambos y las industrias, esto vuelve crítica la calidad y el almacenamiento de los concentrados, la soja, el maíz y los forrajes que consume el ganado.
El segundo control es el más amplio. La versión de 2016 para PFAS medía solo dos compuestos y se aplicaba únicamente a alimentos de origen animal. La nueva norma identifica y cuantifica 30 compuestos con cromatografía líquida y espectrometría de masas, y fija límites de detección de 0,007 microgramos por kilo para la mayoría. Incluye además un procedimiento específico para leche líquida, con 2 gramos de muestra, acetonitrilo y extracción ultrasónica, lo que confirma que las autoridades chinas buscarán estos compuestos en los envíos lácteos.
Esas sustancias se acumulan en el ambiente y en los tejidos animales, y pueden ingresar a la cadena láctea por varias vías. Entre ellas figuran los biosólidos y fertilizantes orgánicos aplicados a pasturas y forrajes, y el agua para abrevadero del ganado, procedente de pozos o cursos superficiales contaminados. También los agroquímicos, ya que según el análisis una cantidad significativa de herbicidas y plaguicidas utilizados en la producción de forraje contiene PFAS, como ingredientes activos o como coadyuvantes.
Otra vía son los productos veterinarios, algunos antiparasitarios y formulaciones tópicas incluyen compuestos fluorados en su estructura. A esto se suman los plásticos agrícolas, como silos bolsa y envolturas de fardos, y la maquinaria con recubrimientos antiadherentes usada para fabricar raciones.
En el tambo y la planta, la preocupación se extiende al equipamiento. Los polímeros fluorados pueden estar presentes en tuberías flexibles, pezoneras, juntas, mangueras, válvulas, selladores y recubrimientos de tanques de frío. La fricción y los detergentes ácidos o alcalinos usados en la limpieza podrían liberar micropartículas hacia la leche. Por eso, el control no se limita al animal, sino que alcanza al agua, los suelos, los insumos, los equipos de ordeñe y el procesamiento.



