
Los Tamberitos muestra cómo una pequeña industria láctea puede sostenerse en el tiempo con producción diversificada, mercado cercano y una estructura ajustada.
En un sector marcado por la concentración y la escala, Los Tamberitos representa otra forma de hacer industria láctea. Con base en Colonia Tomás Berreta, a pocos kilómetros de Fray Bentos, la empresa familiar logró consolidar un modelo de negocio apoyado en el mercado local, la diversificación de productos y una estructura de costos controlada.
Uno de sus directores, Richard Bevegni, explicó que la clave ha sido encontrar un tamaño adecuado que permita sostener la operativa sin asumir riesgos innecesarios.
“Decidimos manejarnos con menos volumen, pero más seguros. Producimos y ya sabemos que todo está vendido”, resumió en diálogo con La Lechera.
La historia de la empresa se remonta a 1994, cuando la familia comenzó a procesar leche en forma artesanal, en un contexto complejo para el sector. Con el paso de los años, el proyecto fue creciendo de manera sostenida, incorporando equipamiento, mejorando procesos y ampliando la gama de productos.
Hoy, Los Tamberitos procesa entre 3.000 y 4.000 litros diarios de leche, que provienen de cuatro tambos de la zona, con vínculos comerciales de larga data. La producción incluye leche fresca, yogures, manteca, dulce de leche y una amplia variedad de quesos, lo que le permite capturar valor en distintas líneas.
El desarrollo fue gradual y con foco en la consistencia. “Ir agregando productos de a poco y tecnificarnos fue lo que nos permitió llegar hasta acá”, explicó Bevegni.
Mercado de cercanía y control del negocio
Uno de los pilares del modelo es la comercialización en un radio acotado. La empresa vende en Río Negro, Paysandú, Soriano y Colonia, con reparto propio y una cartera estable de clientes que se ha consolidado a lo largo de más de tres décadas.
Ese enfoque les permite mantener mejores condiciones comerciales, mayor cercanía con el cliente y una rotación fluida del producto, algo clave en un rubro perecedero.
“Para vender más lejos hay que bajar precios, aceptar plazos largos y tener otra espalda financiera. Nosotros preferimos trabajar cerca y cobrar en tiempos razonables”, señaló.
La empresa cuenta con unos 200 clientes entre comercios, instituciones y distribuidores, lo que asegura una colocación prácticamente total de su producción diaria. Esa previsibilidad es, para Bevegni, uno de los activos más importantes del negocio.
Una escala pensada para sostenerse
A diferencia de otras industrias que buscan crecer en volumen, Los Tamberitos optó por estabilizarse en una escala que le permita operar con eficiencia sin tensionar su estructura.
El propio abastecimiento de leche es un factor que condiciona ese crecimiento. En la zona, la disponibilidad no siempre es abundante y aumentar el volumen implicaría salir a buscar nuevos proveedores o asumir mayores costos logísticos. A eso se suma la necesidad de inversiones en capacidad industrial y comercial si se quisiera escalar el negocio hacia mercados más grandes.
“Para producir más hay que vender mucho más, y eso implica otra estructura. Nosotros encontramos un equilibrio que nos funciona”, sostuvo.
Eficiencia, familia y diversificación
El modelo también se apoya en una fuerte base familiar. Los cuatro hermanos participan en la empresa, con roles definidos tanto en la planta como en la gestión y otras áreas complementarias.
Además de la industria láctea, la familia mantiene una actividad ganadera que contribuye a diversificar ingresos y aprovechar subproductos como el suero de la quesería, que se utiliza en la recría.
La empresa genera empleo directo y, a través de la distribución y servicios asociados, involucra a unas 27 familias, lo que refuerza su impacto en el entramado local.
Bevegni destacó que, en un negocio exigente, la clave ha sido sostener una lógica de crecimiento ordenado, sin perder el control de las variables principales.
“Hemos encontrado una escala que nos permite ser rentables sin tener que asumir riesgos grandes ni depender de mercados más complejos”, afirmó.

