
El veterinario Emilio Machado destacó que los resultados de la 24ª edición del Taller de Evaluación de Diagnósticos de Gestación Vacuna confirman una tendencia de largo plazo: la mejora en el manejo permitió estabilizar los niveles de preñez y darle mayor firmeza a la producción de terneros en Uruguay.
La 24ª edición del Taller de Evaluación de Diagnósticos de Gestación Vacuna, realizada este martes en Durazno, dejó varias conclusiones relevantes para la ganadería uruguaya. Más allá del dato puntual de preñez (81,1%), el foco estuvo puesto en entender qué factores están detrás de la estabilidad que viene mostrando la cría en los últimos años.
Para Emilio Machado, veterinario e integrante histórico del taller, el principal hallazgo fue poder cuantificar algo que hasta ahora se observaba empíricamente: el impacto del manejo sobre los resultados reproductivos. Según explicó, la aplicación de tecnología y la mejora en los sistemas de producción han permitido que la cría dependa cada vez menos de las variaciones climáticas y muestre una mayor estabilidad en sus indicadores.
¿Cuál es la principal conclusión que deja esta edición del taller?
Creo que la gran conclusión es que este año pudimos ponerle números a cosas que veníamos observando desde hace mucho tiempo. Siempre describíamos lo que veíamos, pero ahora logramos cuantificar las asociaciones y los patrones que aparecían en los datos.
Lo que comprobamos es el impacto que tiene el manejo y cómo ha crecido su adopción en Uruguay. Hay una población cada vez mayor de productores que aplican tecnologías y prácticas de manejo que independizan en parte los resultados del clima. Eso se refleja en que la cría se ha estabilizado.
¿Los resultados sorprendieron?
No, en absoluto. Es una tendencia que se viene afirmando desde hace varios años. Lo importante fue poder demostrar que está asociada al manejo.
También pudimos identificar con mayor precisión dónde afecta el clima y en qué momento del ciclo productivo hay que poner más atención. Eso nos da mucha fortaleza porque conocemos mejor el problema y sabemos dónde actuar.
¿Hoy se puede afirmar que el piso de 3 millones de terneros está más consolidado?
Sí. Además de los resultados de preñez, presentamos índices de predicción asociados al clima que nos permiten anticiparnos a posibles complicaciones con alrededor de un mes de antelación.
Tenemos herramientas para detectar señales de alerta y sabemos que muchas de esas situaciones pueden revertirse con manejo. Ese objetivo nacional de mantenernos en torno a los 3 millones de terneros empieza a apoyarse cada vez más en la intervención humana y menos en factores aleatorios.
¿Qué observan respecto al stock de cría?
Hay varias cosas ocurriendo al mismo tiempo. Por un lado, vemos que muchos productores que hacían invernada han aumentado la cría. Hoy conseguir terneros baratos o categorías livianas ya no es tan sencillo y además existe una demanda creciente de terneros de calidad para sistemas intensivos y corrales.
Por otro lado, apareció con mucha fuerza el entore de vaquillonas de 15 meses. Este año tuvimos que crear esa categoría específica porque representó el 22% de las vaquillonas de primer entore presentadas en el taller. Es una herramienta que permite aumentar la producción de terneros y que está creciendo claramente.
Otro tema recurrente es la diferencia entre la preñez y el destete. ¿Hay avances en ese aspecto?
Nos pasa algo parecido a lo que ocurría con la preñez años atrás. Más que un problema de promedio, tenemos un problema de dispersión.
Hay rodeos con pérdidas del 3% y otros con pérdidas del 12% o 15%. Lo primero que tenemos que hacer es mejorar el diagnóstico, aumentar los registros y entender mejor dónde están ocurriendo esas pérdidas.
Para el próximo año vamos a incorporar ese aspecto dentro de los indicadores de manejo. El objetivo es seguir afinando el análisis para que esos rodeos con pérdidas más elevadas se acerquen a los niveles de los sistemas más eficientes.

