El cierre de la frontera entre EEUU y México interrumpió un flujo clave para la cadena de carne vacuna, generando un faltante estimado en torno a 1,1 millones de cabezas anuales. Durante más de tres décadas, las importaciones de ganado mexicano promediaron entre 1,1 y 1,2 millones por año, equivalentes a poco más de 3% de la producción de terneros en EEUU.
La reapertura parcial en 2025 permitió el ingreso de unas 230 mil cabezas, pero el proceso volvió a frenarse tras nuevos casos sanitarios. De concretarse una reapertura gradual, analistas advierten que la recuperación será lenta, debido a la necesidad de reactivar la logística, los controles sanitarios y la preparación del ganado en origen.
Además, el factor estacional juega en contra: la cercanía del verano limita los movimientos de animales, por lo que una normalización más significativa recién podría observarse hacia el otoño. En paralelo, México ha ido absorbiendo internamente parte del ganado que antes exportaba, apoyado en inversiones en feedlots y capacidad de faena.
El impacto va más allá del corto plazo. El comercio de ganado y carne entre ambos países está altamente integrado, por lo que la interrupción actual podría generar efectos duraderos en los flujos comerciales y en la dinámica del mercado regional.
Fuente: Drovers


