Tras la visita de autoridades del Instituto Nacional de Colonización a la Colonia Antonio Rubio, en Salto, el presidente de la sociedad fomento, Ing. Jorge Kmaid, advirtió que existen colonos pagando hasta 140 dólares por hectárea bajo tipificaciones que no coinciden con las limitantes del basalto ni con la salida de la lechería
La reciente visita de integrantes del directorio del Instituto Nacional de Colonización a la Colonia Rubio, en el departamento de Salto, reactivó un histórico reclamo de los colonos, revisar de forma integral el esquema de tipificación de las fracciones y el valor de las rentas que cobra el organismo. El ingeniero agrónomo Jorge Kmaid, presidente de la Asociación Fomento Rural de la colonia, confirmó que actualmente hay colonos abonando valores de entre 130 y 140 dólares por hectárea, montos que resultan desproporcionados frente a la capacidad real de producción de esos campos.
Kmaid explicó que el origen de esta distorsión radica en la génesis histórica de la colonia, fundada hace siete décadas con un perfil agrícola o semiagrícola que no se condice con la naturaleza de los suelos. Al asentarse sobre formaciones de basalto, los predios presentan marcadas limitantes de drenaje y amplios sectores superficiales donde es inviable realizar agricultura continua, lo que provocó una severa degradación en los primeros años de explotación. Con el tiempo, muchos de aquellos productores migraron hacia la lechería y las fracciones fueron recategorizadas bajo la modalidad ganadera-lechera.
Sin embargo, el mapa productivo de la zona cambió drásticamente en los últimos años y la mayoría de los predios abandonó la actividad de ordeñe. Pese a esa reconversión forzosa, los productores continúan tributando una renta mixta donde el componente lechero encarece artificialmente el costo de la tierra. En los hechos, la lechería solo puede desarrollarse sobre una fracción del campo, pero la renta se liquida como si el área fuera plenamente productiva para ese fin, ya que en la superficie ganadera se crían novillos Holando sobre los cuales el instituto computa valores equiparables a los de un novillo de exportación.
A estas limitantes de suelo se suma la brecha climática y productiva que separa al norte del país con respecto a las cuencas del sur. Kmaid remarcó que las pasturas más asociadas al tambo, como la alfalfa, no prosperan en estos perfiles pesados y que la oferta forrajera estival queda prácticamente restringida a sorgos. Si bien Colonización aplica una bonificación del 12% por menor estimación productiva al norte del río Negro, el dirigente sostuvo que al norte del río Daymán la realidad ambiental es sustancialmente más exigente y amerita un ajuste técnico más profundo.
Ante este escenario, la gremial planteó formalmente al directorio del INC unificar y corregir las tipificaciones, de modo que los predios que salieron del tambo pasen a la categoría ganadera o agrícola-ganadera que rige para el resto de la colonia. Kmaid recordó que la agricultura que subsiste en Rubio se destina exclusivamente al autoconsumo como sostén de sistemas ganaderos intensivos y enfatizó que el índice CONEAT ya pondera de forma natural la aptitud de cada padrón, encareciendo o aliviando la renta según el potencial productivo del suelo.
Los productores confían en que el planteo, sustentado en sólidos argumentos técnicos, tenga una respuesta favorable por parte de las autoridades para dar viabilidad económica a las familias de la colonia.



