
Desde Agro en Punta, el cofundador de The Land Group analizó el creciente interés de inversores internacionales por la tierra como activo refugio y destacó los atributos de Uruguay en un escenario global marcado por la volatilidad y la incertidumbre.
Desde una posición poco habitual para un uruguayo de su generación, Joaquín Labella observa el negocio de la tierra con una mirada global. Contador público, formado en finanzas y radicado en Europa desde los 25 años, Labella es cofundador de The Land Group, una plataforma de inversión en activos reales que hoy administra alrededor de US$ 130 millones en tierras agrícolas, ganaderas y forestales en Sudamérica y Europa.
En Uruguay, la firma gestiona unas 20.000 hectáreas, mayoritariamente ganaderas, distribuidas en siete campos.
Tras participar como expositor en la tercera edición de Agro en Punta, Labella valoró el crecimiento del evento y su consolidación como espacio de referencia.
“Viene creciendo año a año y demuestra que había lugar para este tipo de conferencias. Ojalá siga desarrollándose con éxito”, señaló.
Desde allí explicó que el rol de la empresa es operar y administrar tierras agrícolas en nombre de inversores extranjeros, bajo mandatos no discrecionales y con un fuerte énfasis en la confianza y la transparencia.
“Diseñamos los planes de negocio junto con los inversores. Los ayudamos a decidir, pero la decisión final siempre es de ellos”, afirmó.
En un contexto internacional marcado por la volatilidad financiera, tensiones geopolíticas y disputas comerciales, Labella sostiene que los activos reales están ganando peso en las carteras de inversión. “Durante mucho tiempo la diversificación patrimonial se pensó solo entre acciones y bonos. Nosotros creemos que hay un tercer gran bloque, que son los activos alternativos, y dentro de ellos la tierra agrícola”, explicó.
Según su visión, este interés —hoy concentrado en family offices e inversores de alto patrimonio— tenderá a ampliarse hacia instituciones como fondos de pensión y endowments.
Consultado sobre la posición de Uruguay frente a otros destinos de la región, Labella destacó atributos diferenciales claros. “El mundo convulsionado resalta aún más las virtudes de Uruguay: estabilidad institucional, marco jurídico sólido, reglas claras y trato igualitario entre el inversor local y el extranjero”, afirmó.
Para quienes piensan en horizontes de 10, 20 o más años, la tierra aparece como un activo que no solo genera renta, sino que preserva y valoriza el capital en el tiempo.
“El inversor busca la certeza de que ese activo va a seguir ahí para las próximas generaciones”, resumió.
Interés de brasileños
Hoy, cerca del 70% de la producción que administra The Land Group en Uruguay es ganadera, con foco en ciclo completo, mientras que el 20% corresponde a forestación y el 10% a agricultura.
De cara al futuro, Labella reconoce un creciente interés de inversores brasileños y europeos. “Brasil mira a Uruguay como refugio y también por los beneficios fiscales. En Europa, muchos ven a Uruguay como un lugar seguro para invertir pensando en sus hijos y nietos”, señaló.
El desafío, advierte, será sostener competitividad, eficiencia y reglas claras para que el país mantenga ese atractivo en un escenario global cada vez más exigente.



