
El sector agrícola uruguayo ha retrocedido en análisis de suelo justo cuando los costos de fertilización exigen mayor precisión. Hoffman advierte que el área muestreada no llega al 50% y que la tendencia parece moverse en el sentido contrario de la lógica.
El precio de los fertilizantes no para de subir por los efectos de la guerra, las chacras exigen decisiones cada vez más ajustadas y, sin embargo, el área de suelo muestreada en Uruguay no crece.
Esteban Hoffman, director general de Unicampo Uruguay, puso el dedo en esa llaga en diálogo con Informe Tardáguila y fue directo: “No hay cosa que paguen más que invertir en un técnico y pagar los análisis de suelo. No llegamos a la mitad del área muestreada en forma sistemática, ni de casualidad. Ya estuvimos ahí y retrocedimos”, lamentó.
El diagnóstico es paradójico. En un momento en que los fertilizantes rondan los US$ 800 o 900 por tonelada y la presión sobre los márgenes es alta, la herramienta más barata y más rentable del sistema —el análisis de suelo— se debería en este invierno ver un cambio de tendencia.
“Da trabajo muestrear es un hecho”, reconoció Hoffman, describiendo un proceso de relajación gradual que empieza cuando se decide ya no muestrear todas las chacras y hacerlo, por ejemplo, en la mitad de las chacras, luego menos, y se termina teorizando acerca de la fertilización sin datos reales en cada chacra en particular.
El ahorro que no se ve
Los resultados concretos que maneja Unicampo Uruguay muestran lo que se pierde cuando no se mide. En este año en chacras cosechadas temprano, con tiempo de barbecho y temperatura mayores en el suelo durante el barbecho, los niveles de fósforo y potasio aparecen elevados, lo que permite en muchos reducir la fertilización en forma muy significativa sin resignar rendimiento.
“Tenemos canola sembrada en Soriano y Colonia con cero fertilizante basal, no porque esté caro sino porque en el suelo los niveles de nutrientes se ubican por encima de lo necesario”, veremos como seguimos en el monitoreo pos-siembra, señaló.
En cambio, en los suelos de las chacras recién cosechadas de soja, ya con el suelo frío, los valores son sensiblemente más bajos.
El problema no se limita a quienes directamente no muestrean. Hoffman identificó otra distorsión frecuente: casos en los que sacan la muestra y no se espera el resultado analítico, y se fertiliza antes de tener el dato.
Con fertilizantes tan caros, Hoffman ve una oportunidad muy concreta para revertir la tendencia. “Estos precios podrían ser un motivo muy importante para cambiar”, sostuvo, aunque admitió que no espera que el cambio sea violento. La información circula, los grupos de productores muestran el problema, pero la práctica no acompaña.
Mientras tanto, advirtió que se siguen viendo que se toman decisiones de fertilización muy costosas sobre datos incompletos o directamente sin datos.
